viernes, 13 de abril de 2018

Pasión y razón

La pasión y la razón quedaron para tomar un café, en un terreno neutral donde metafísica y realidad se mezclaban allá en el mundo de los sueños.
La razón no entendía la ingenua pasión, capaz de amar y odiar a la par con intensidad.
La pasión detestaba la frialdad de la razón, calculadora, exacta, tratando de buscar claridad en un universo lleno de perturbaciones.

Pero a pesar de sus diferencias, pasión se dejó llevar por razón, y razón dejó fluir a su sin razón, el uno del otro encontro lo que no encontraban en si mismos.

Razón se entregó a los sentidos, a los placeres desmedidos sin importar ni la causa ni la consecuencia.

Pasión se dejó controlar por razón, a aquellas caricias calculadas, a esos besos que buscaban el plano y el milímetro del punto g de los labios que hacen entregarse al momento calculado.

Aquel café donde los conceptos enfrentados se fusionaron en una charla que duró durante horas, cambió la percepción de los dos para siempre, por que no hay nada más erótico que dos antónimos haciendo tambalear los axiomas de su existencia.
Que más dará si fuera polvo de un día o un hasta la muerte nos separe, cuando la pasión puede más que la razón.
Más cuando la razón se da cuenta que ha puede haber más pasión entre dos desconocidos a los que no les dio tiempo a decirse adiós que en dos que dieron en sí quiero y que sin pasión hasta que la muerte les separó siguieron siendo aquellos desconocidos que un día decidieron tomar un café.

Pero pasión y razón o quedaron solo aquella noche, dicidieron repetir y repetir la cita en la cafetería en frente del motel  que tengo en algún rincón de mi cabeza. Recordándome así la necesidad de mantener en mi vida a la razón y a la pasión


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