Primero fueron gente, con sus vidas, vidas simples tal vez, aunque difícil es comparar la simplicidad con la grandeza de la vida.
Se enterraron conversaciones de hombres mundanos, versos de grandes poetas, pasiones de luchadores y secretos de amantes
Lo demás es historia, su historia más que la nuestra. Su nueva carne es la tierra adherida a los huesos entremezclados de las ánimas olvidadas, los rostros quedaron olvidados dejando en su lugar huecas calaveras y agujeros de bala.
Horrores del treinta y seis, gritos que se aacallaron en el treinta y nueve y silencios sepulcrales en adelante, la justicia ciega se quedó para siempre
Regamos los campos con la ceniza que nos dejó el fuego de Caín. Los ríos se tiñeron del rojo de nuestra bandera, la que rodea el gualda, color que dejan aquellos huesos olvidados.
Caminamos sobre tumbas olvidadas sin darnos cuenta de las vidas sesgadas bajo nuestros pies, tumbas sin sombre que algunos no se atreven a abrir, creyendo de ellas que son la caja de Pandora que traerán los males sobre una tierra ya estéril.
Almas ancladas en el purgatorio, amarradas a un puerto, sin monedas para Carronte, sin lugar para ser lloradas. Solo queda el frío del subsuelo, la oscuridad, la humedad en las raíces de las lágrimas que aún persisten.
Fosa es el nombre común de todas aquellas vidas que además de nombre tuvieron apellido.
Nadie tiene donde llorarlos, por que muchas son sus tumbas, algunas bajo parques donde los niños juegan y los perros mean.
"Ni olvido ni perdón" proclaman los otros. Yo digo que no olvidemos, recordemos y perdonemos. Pero para el perdón primero dignidad, por que una tierra con tumbas olvidadas no merece ni olvido ni perdón.
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